El Uno, el Único Libro

Encontré este poema, del poeta ruso Velimir Khlebnikov, hace unos años, y me impresionó tanto que quisé compartirlo, pese a mis escaso dominio de la arte de traducción. (Lo lei en inglés.) Aquí está.

He visto las Vedas negras,

El Corán y los Evangelios

y los libros de los Mongoles

en sus cubiertas de seda

todos hecho de polvo, de las cenizas de la tierra,

del estiércol, del olor dulce

que las mujeres Kalmyk usan como combustible cada mañana – 

los he visto ir al fuego,

tenderse y desvanecerse

blancos como viudas en nubes de humo

para dar prisa a la llegada del uno, del Único libro,

cuyas páginas son océanos enormes,

parpadeando como las alas de una mariposa azul,

y el hilo de seda, marcando el sitio 

donde el lector descansa su mirada,

es todos los ríos grandes en un diluvio azul oscuro.

 

Volga, donde cantan las canciones Razin por la noche,

Nilo amarillo, donde adoran al sol,

Yangtse-Kiang, rezumando con gente,

y enorme Misisipí, donde se pavonean los Yanquis,

en pantalones estrelladas, sí, en pantalones 

cubiertos con estrellas.

Y Ganges, cuya gente oscura son árboles de la mente,

Y Danubio, gente blanca en camisas blancas

cuya blancura está reflejada en el agua,

y Zambezi, cuya gente es más negra que botas,

y Ob tormentosa, donde pica el ídolo

y lo gira, cara al muro,

Cuando come la grasa prohibida

y Támesis, que es aburrido, aburrido.

 

Género de Humanidad, ¡sois lectores del libro

cuya portada lleva la firma del creador,

las letras cieloazul de mi nombre!

Sí, tu, lector descuidado

Mira! Presta atención!

Permites que tu atención se extravíe

como sí  todavía estuviese en clase de catecismo – 

¡Pronto, muy pronto vas a leer

Esas cordilleras montañosas y esos océanos enormes.

¡Son el Uno, el Único libro!

La ballena salta de sus páginas,

Y la ala del águila dobla el margen de la hoja

Cuando se lanza en picado sobre las olas del mar, el pecho

del océano, a descansar en la cama del águila pescadora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lamp found under bushel (1) The One, The Only Book

I found this astonishing poem a few years ago:  Happy New Year everyone.

The One, the Only Book

by Velimir Khlebnikov

 

I have seen the black Vedas,

the Koran and the Gospels

and the books of the Mongols

on their silken boards – 

all made of dust, of earth´s ashes,

of the sweet-smelling dung

that Kalmyk women use each morning for fuel – 

I have seen them go to the fire, 

lie down in a heap and vanish

white as widows in clouds of smoke

in order to hasten the coming

of the One, the Only Book,

whose pages are enormous oceans

flickering like the wings of a blue butterfly

and the silk thread marking the place where the reader rests his gaze

is all the great rivers in a dark-blue flood: 

 

Volga, where they sing the Razin songs at nighttime,

yellow Nile, where they worship the sun,

Yangtze-Kiang, oozing with people,

and mighty Missiissippi, where the Yankees strut

in star-spangled trousers, yes, in pants

all covered with stars.

and Ganges, whose dark people are trees of the mind,

and Danube, white people in white shirts

whose whiteness is reflected in the water,

and Zambezi, whose people are blacker than boots,

and stormy Ob, where they hack out their idol

and turn him to face the wall 

whenever they eat forbidden fat

and Thames, which is boring, boring.

 

Race of Humanity, you are Readers of the Book

whose cover bears the creator´s signature,

the sky-blue letters of my name!

Yes, you, careless reader,

look up! Pay attention!

You let your attention wander idly,

as if you were still in catechism class.

Soon, very soon you will read 

these mountain chains and these enormous oceans!

They are the One, the Only Book!

The whale leaps from its pages,

and the eagle´s pinion bends the page´s edge

as it swoops across sea waves, the breast

of ocean, to rest in the osprey´s bed. 

 

 – translated from the Russian by Paul Schmidt